Recuerdos de un callejón sin salida – Banana Yoshimoto

Recuerdos de un callejón… es un libro de historias breves. Historias de pérdidas, o quizás sería más adecuado decir historias de rupturas, no sólo amorosas. En cada una de estas historias hay algo que se rompe para siempre, para alguno de los protagonistas. Se trata de relatar ese momento en la vida de los protagonistas previo a un giro inesperado, rotundo, que tiene que ver con el “destino”, o con decisiones, de esas que dejan huellas.

Según la autora, es el libro más autobiográfico que ha escrito hasta ahora, a pesar de no relatar cosas que le hayan sucedido. Es que el material que está en juego en la escritura proviene de la angustia. La imagen del callejón sin salida ha estado siempre, implícita, en los textos de Yoshimoto. Y uno como lector podría incluso pensar que este es el tema de fondo de muchos de sus relatos. La muerte siempre fue el núcleo de su escritura. El caracter particular de Yoshimoto, que la diferencia de otros escritores, es que escribe en ese callejón oscuro pero desde el recuerdo de un rincón cálido, infantil, envolvente y protector. Al menos como recuerdo, la infancia como Pasado salva.


La noche es la noche y nada más

Los poemas de Matsuo Basho (1644-1694), en palabras de Octavio Paz, no son simbólicos: “la noche es la noche y nada más”. Es una referencia fuerte, ¿puede haber poesía no simbólica? ¿cómo puede el lenguaje utilizarse, si no es por la vida del símbolo? En el haiku, por ejemplo.

 

furuike ya
kawazu tobikomu
mizu no oto

El viejo estanque;
la rana salta;
plop.


Stupeur et temblements

Esta versión cinematográfica de Estupor y temblores, de Amelie Nothomb, parece ser bastante fiel al texto de la escritora belga. Tiene buenas imágenes y sonido, incluso buenas actuaciones… Pero se le escapa algo esencial del libro: el espíritu de la protagonista, el sentido final de sus actos, no estaban movidos por la ingenuidad ni por la locura. Amélie vive en el recuerdo de un cuerpo infantil oriental siendo adulta y occidental. Hay en el cuerpo un desfasaje y una temporalidad alterada -como siempre ocurre con el cuerpo-. Trabajar en la empresa Yumimoto es acaso una ocasión para poner a prueba esa división.


Norwegian Wood, de Tran Anh Hung

Finalmente pude ver Norwegian Wood, la realización cinematográfica del libro de Haruki Murakami, Tokio Blues. Y tengo que admitir que no tenía muchas expectativas, o más bien, mi expectativa era que la traducción del director no terminara de expresar la importancia de la novela. En suma, que fuese grande la distancia entre el libro y el filme y esto produjera cierto fracaso de la expresión. Esa impresión se basó en una lectura del Trailer. Y no fue así.

La película me pareció una excelente realización del director Tran Anh Hung. No recuerdo alguna otra versión cinematográfica de una novela que haya resultado, a mi modo de ver, tan original, personal, y al mismo tiempo, tan fiel al libro. Tan fiel al libro sin llevar consigo los rasgos de Murakami, el estilo imposible de imitar del autor. Ese era realmente el desafio más grande de este filme y creo que el director lo superó de una manera creativa e interesante. Se nota que no estaba en sus intensiones traer a la pantalla al autor. Es más, muy inteligentemente, se deshizo de él. El autor está ausente de una manera radical. No vamos a encontrar a Murakami en la película por ninguna parte. Esto me sorprendió. Aquí hay otro autor. Es otra historia. Los que leímos el libro vamos a volver a descubrir la trama y el texto (a los que no se les tocó ni un punto ni una coma) pero, por primera y única vez, vamos a tomar contacto con estos personjes.


Kitchen – Banana Yoshimoto

Creo que la cocina es el lugar del mundo que más me gusta. En la cocina, no importa de quién ni cómo sea, o en cualquier sitio donde se haga comida, no sufro.

Así comienza la novela Kitchen, de Banana Yoshimoto. Al leerla, vino a mi memoria la película “Como agua para chocolate”, salvando las distancias, pero en algo se parecen: la cocina como espacio donde el pasado se funde con el presente, como lugar de identidad y de placer, como rincón seguro, habitable, nocturno o diurno, donde los colores, la luz, los perfumes, los recuerdos no terminan nunca. Se vuelven eternos. Se impregnan en la piel y traspasan el cuerpo. La cocina es la representación extrema de lo infantil porque es por medio de la comida como primero somos amados, alojados, en el mundo.

Y para Mikage la cocina es un lugar de salvación. Es lo único que le queda del mundo familiar; quizás por eso se vuelve el mejor lugar para vivir, dormir, soñar, recordar. Además, es el lugar que le recuerda a su abuela.

Kitchen es una novela para leer en ese momento en que la vida cotidiana vaya demasiado rápido; cuando sintamos que nos pasamos por alto el calor de la luz diminuta que entra por una ventana. Porque la autora devuelve, se propone (y lo logra) devolver ese sentimiento sutil de felicidad-placer con uno mismo, con la identidad, con los recuerdos más gratos (esos que no tienen palabras sino que sólo son destellos de imágenes). Ahí es cuando hay que leer Kitchen.


Esperando a Norwegian Wood

Es apresurado. Pero dado que ya está estrenándose en Japón la adaptación cinematográfica de Tokio BluesNorwegian Wood (novela de Haruki Murakami), es difícil no querer, al menos, espiar el trailer. En Uchina publicamos allá por 2008 una nota relacionada con la noticia de la película, comentando la novela. Pero lo que vamos a ver es una adaptación, una reescritura de la novela. Una lectura muy particular que es la del director franco-vietnamita Tran Anh Hung. Los protagonistas serán los actores japoneses: Kenichi Matsuyama (Toru Watanabe) y Rinko Kikuchi (Naoko), quien partició de “Babel” de Alejandro González Iñárritu.

Resulta difícil cuando alguien lee un libro que lo impacta mucho, pasar a la imagen y mucho más, es inevitable confrontar a los personajes que hemos construido a partir de la lectura con los personajes e imágenes del filme. Una experiencia en la que es posible anticipar cierto grado de decepción. Decepción producto de un desencuentro inevitable. Nuestra construcción y la del director.